El reto de la educación

Hablar de una educación más integral, significa que al estudiante también se le reconozca como ciudadano, desarrollando su pensamiento crítico, resolviendo los problemas que se planteen, para que la formación no quede fragmentada ni se pierda. De esta manera, se respondería a las problemáticas de la sociedad y se generaría una ciudadanía a largo plazo, para incidir participativamente en el desarrollo local de sus comunidades y ciudades.

Esto se convierte en un gran reto y es lo que PROA ofrece a la educación del departamento, para que los estudiantes y docentes se piensen la educación desde la investigación, incidiendo en las familias y comunidad.

Para llevarlo a cabo, se requiere de compromiso ético por parte de los docentes que implica el cuestionamiento de lo que sucede en la realidad inmediata de los estudiantes, quienes a través de la didáctica deben contextualizar las temáticas que se abordaran desde situaciones de la vida cotidiana, para generar un aprendizaje significativo en los alumnos basados en el proceso de construcción, modificación y enriquecimiento del conocimiento.

El docente desde su labor debe continuar en la indagación como proceso inacabado, donde la ciencia, la tecnología e innovación son tres elementos indispensables para actuar y lograr transformaciones en el mundo de hoy, para la formación de las nuevas generaciones. Además, se relaciona con las dimensiones del saber que establece el Ministerio de Educación Nacional, en el dominio de saber en el proceso de aprendizaje, el saber hacer para su aplicación en la práctica y saber ser para su desarrollo humano.

Dichos cambios, deben darse en cómo y desde dónde se enseña para que los alumnos se apropien del conocimiento, basado en una lectura de realidad que permita situar el tema, introducir nuevos conceptos, desarrollar habilidades, poder usar los conocimientos adquiridos que sean pertinentes y así, proponer nuevas soluciones a situaciones problemáticas para la re-construcción de conocimientos, en grupos de trabajo que argumenten desde conceptos, que sean capaces de formular hipótesis y tomen decisiones conjuntas para el bien común, generando seguridad y confianza en los alumnos.

De esta manera, una clase se convierte en una herramienta investigadora donde los alumnos y maestros puedan construir conocimientos con significados en este caso sociales, tomándose desde varias perspectivas para poder comprender mejor la realidad en la que se encuentran inmersos.

Lucy Catalina Rozo Riaño
Coordinadora línea social, etnocultural, bienestar infantil y juvenil

 

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